jueves, 5 de abril de 2012


Arquidiócesis de Tegucigalpa/ Decanato Zona Periférica
Parroquia Cristo Rey y Santa Cruz
                                                                                                                 Viernes 06 de Abril 2012
LITURGIA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR.
Viernes Santo de la Pasión del Señor

Para comprender el sentido de esta liturgia[1].
“En este día, en que ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo, la Iglesia, meditando sobre la pasión de su Señor y Esposo y adorando la cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la cruz e intercede por la salvación de todo el mundo.”[2]
La liturgia de la Pasión del Señor se organiza en tono a 4 grandes ejes[3]:
1. La Pasión proclamada: a través de la liturgia de la Palabra, que nos expone la obra de redención del hombre en la Pasión de Cristo.
2. La Pasión invocada: a través de la solemne y prolongada oración de los fieles, en un formulario común para la Iglesia en todo el mundo. Por estas preces, la Iglesia se une a la intercesión de Cristo por la salvación del mundo.
3. La Pasión es adorada: a través del signo victorioso de la cruz. La cruz, signo de la obediencia filial de Cristo a la voluntad  del Padre. No adoramos el instrumento de martirio. Adoramos la actitud de Cristo, que siendo Hijo: “En los días de su vida mortal presentó ruegos y súplicas a Aquel que podía salvarlo de la muerte; este fue su sacrificio… Aunque era Hijo, sufriendo, aprendió a obedecer”[4]. Adoramos, pues, la actitud del crucificado, que aceptando la cruz lleva a cabo la voluntad de amor del Padre hasta el extremo del “Árbol de la cruz.”
4. Los frutos de la Pasión se comunican a los hombres a través de su participación en la comunión eucarística. Así, somos vivificados y hacemos nuestros los frutos de la Pasión a través de la comunión. Alimento santo para pecadores, que buscan crecer con Cristo en la obediencia total a la voluntad del Padre, en la obediencia, pues, de la cruz.

Monición Introductoria al inicio de la Liturgia de la Pasión
y la procesión del sacerdote y demás ministros hacia el presbiterio.
Con la Liturgia de la Pasión del Señor, la Iglesia se une a Jesús en su calvario rumbo a la muerte en cruz por la salvación del mundo. Le acompañaremos a lo largo de esta liturgia en la contemplación de la obra redentora de un dios y hombre verdadero. Le acompañaremos en la oración para profundizar en el corazón el significado de este sacrificio y unirnos en su intercesión por la salvación de todos. Le acompañaremos en la adoración para hacer definitivamente nuestra su victoria sobre el pecado y la muerte, en la firme promesa que un beso expresará, de ser como Él obedientes en todo a la voluntad del Padre. Y  le acompañaremos finalmente en la participación de la comunión eucarística reconociendo que solo su gracia nos dará la fortaleza para ser fieles con él al amor del Padre.
Esta liturgia inicia con un fuerte gesto penitencial, de abandono confiado en las manos de Dios y súplica ardiente a su divina misericordia.



Acompañado de los demás ministros, el sacerdote inicia la procesión de entrada: sin cantos, en silencio penitencial; revestido de rojo manifestando así la sangre redentora del Señor que de nuestras heridas nos ha curado; llegado al presbiterio, el sacerdote y los demás ministros se postran en silencio: es el abandono total en manos de Dios y la súplica de su gracia.
Pongámonos de pie para iniciar en silencio nuestra celebración litúrgica de la Pasión del Señor.

Primera parte
LITURGIA DE LA PALABRA         

Moniciones
Isaías 52, 13 - 53, 12
Sobre el siervo de Dios se ha desatado toda la maldad y el odio que oprime a la humanidad. Su cuerpo desfigurado, sus sufrimientos y dolores eran para muchos prueba del abandono de Dios. Sin embargo, como bien nos dice el profeta Isaías, sus heridas han curado en nosotros la rebeldía del pecado. Lo que para sus enemigos era tortura y muerte en manos de Dios se convirtió en instrumento de redención. Escuchemos el desgarrador relato de profeta y su mensaje de salvación.

Sal. 30
La confianza en Dios no nos libra de la prueba pero sin nos asegura alcanzar la liberación esperada. Con el salmista renovemos nuestro valor y fortaleza en el Señor.

Heb. 5
La razón de nuestra confianza en el Señor queda claro en el siguiente texto: Él mismo aprendió en el sufrimiento el valor de la obediencia al Padre. Imitemos, pues, su confianza; no temamos compartir el dolor de la cruz, aprendamos con Él la fidelidad al amor en la cruz.

Lectura de la pasión según S. Juan.
La Contemplación de la cruz es la contemplación del insondable misterio de amor y de dolor que se manifiesta en ella. A través del terrible sufrimiento y la muerte de Jesús, somos llamados a recibir agradecidos un don inmerecido: la liberación del mal, el perdón de nuestros pecados. Si bien sobre la Cruz permanecen los signos de la maldad humana lo que brilla con mayor esplendor en ella no es el pecado del hombre sino el amor del Padre que no conoce medida. Es por ello que no habrá intervención diabólica, pecado, debilidad, dolor o tortura humana que se interponga en la firme determinación de Jesús de llevar adelante el plan de salvación del Padre.
Nos ponemos de pie para escuchar atentos y devotos la narración de la pasión de nuestro Señor Jesucristo.


Segunda parte
ORACIÓN UNIVERSAL[5]
Estas plegarias se toman del Misal Romano o el ritual con que se cuente en el templo.
Son pronunciadas por el sacerdote celebrante, y su dinámica es la siguiente:
-- el monitor lee la monición respectiva.
-- Un diácono (lo más común será que lo haga un laico), junto al ambón,                                                                                              pronuncia la intención de la oración (por la Iglesia, por el Papa, por el pueblo de Dios, etc).
-- Breve silencio de oración.
-- el sacerdote, de pie (desde el ambón o ante el Altar), con las manos extendidas, pronuncia la oración. Lo mejor es cantar                       cada plegaria. Pero solo si lo hace el sacerdote.
-- la asamblea responde. Mejor, también, si es con un estribillo cantado.
La dinámica se re inicia: anuncio de la intención, silencio, sacerdote, estribillo, etc.

Monición a la oración universal
Nunca como en este día es más universal la plegaria que la Iglesia eleva al Padre a los pies de la cruz de su Señor. 10 peticiones para unirnos a la intercesión del crucificado por la salvación del mundo. La Pasión de nuestro Señor que contemplamos en la proclamación de la Palabra ahora en nuestros labios se hace oración de intercesión, plegaria común para que los frutos de la redención alcancen a todos. Participemos con fervor y convicción sabiendo que nuestro Dios atiende la plegaria de quienes le suplican.

Tercera parte
ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Es posible que  sea necesario instruir a la asamblea sobre la manera en que se procederá a la adoración de la cruz. Esto depende mucho de la disposición del templo. Algunas indicaciones:
-- La cruz  que se expondrá a la adoración, se coloca frente al Altar y fuera del presbiterio.
-- Por la numerosa asistencia de fieles puede ser recomendable colocar más de una cruz para la adoración. El número de cruces a utilizar no representa ningún problema litúrgico. Se entiende que solo se hace en razón de agilizar este rito en orden a la numerosa cantidad de fieles en la celebración.
-- Lar rúbricas litúrgicas dejan en claro que se trata de colocar para la adoración una cruz, no un crucifijo (= cruz con la imagen del crucificado).
-- Bajo ningún motivo deben colocarse alcancías para colectar dinero en este momento. Eso sí es claramente anti litúrgico.
-- La colecta a favor de Tierra Santa debe hacerse en otro momento. Por ejemplo, después de la santa comunión de los fieles. Es una colecta muy importante. DEBE EXPLICARSELE A LA ASAMBLEA SU SENTIDO Y EN NINGÚN CASO DEBE DEJAR DE HACERSE, procurando que sea muy generosa de parte de los asistentes.
Cada monitor, según las circunstancias, con sus propias palabras instruye a la asamblea sobre cómo se procederá a la adoración a la cruz. En todo caso, a continuación se presenta una monición que puede ser utilizada en este momento.






Monición
La  pasión del Señor, que hemos contemplado en las lecturas de la  Palabra de Dios, y en la que nos hemos apoyado para interceder al Padre por la salvación de todos en la oración universal que acabamos de proclamar, ahora se vuelve para nosotros opción y compromiso por un  claro estilo de vida. No adoramos el objeto material de a cruz. No, lo que hacemos es recurrir a ella, apoyarnos en ella,  para expresar nuestra adoración a algo mucho mayor, a algo realmente divino: la obediencia del Hijo a la voluntad de Padre, al extremo de dar la vida en rescate por todos. Adoramos, pues, una actitud muy concreta del Hijo de Dios, mejor, un estilo de vida realmente divino: su amor fiel, por sobre todo y por sobre todos, a la voluntad del Padre.
Besar la cruz es, pues, la manera en que en este día de la celebración de la Pasión del Señor hacemos nuestro este estilo de vida de Jesús basado en la total entrega a la voluntad del Dios Padre, de fidelidad a su amor, de entrega de la vida por los demás. Estos son los sentimientos que deben iluminar nuestro corazón ahora que somos invitados a la adoración a la santa cruz.

Concluida la adoración, los acólitos retiran la cruz y la colocan en un lugar visible en el mismo presbiterio.

Cuarta parte
SAGRADA COMUNIÓN

Se procede de la siguiente manera:
-- El monitor lee la monición preparada para la ocasión.
-- se invita a la asamblea a permanecer en pie y en silencio.
-- Se prepara el Altar colocando en él un mantel y un corporal, así como el ritual a utilizar para la santa comunión.
-- El sacerdote, acompañado de 2  acólitos con velas, se dirige al lugar donde ha sido reservado el copón con las hostias consagradas ayer.
-- El sacerdote coloca el copón sobre el corporal; y los acólitos colocan las velas junto al Altar, como de ordinario.
-- se procede al rito de la santa comunión, como de ordinario en la santa misa.

Monición a la santa comunión
La Pasión de nuestro Señor se convierte ahora para nosotros en alimento. Aquel que antes de sufrir el martirio de la cruz se presento como el Pan de vida, ahora nos alimentará con sus mismas entrañas, entregadas en el altar de la cruz para la salvación del mundo. No podemos darnos el lujo de rechazar este manjar del cielo. Él sabe cuánto lo necesitamos y cuánto nos conviene recibirlo. Sin la eucaristía somos débiles y prestos a caer en tentación. Con la eucaristía, Él mismo nos nutre para que imitemos su obediencia fiel a la voluntad del Padre. No es posible vivir el mensaje de la cruz sin la eucaristía.  Puestos de pie, preparémonos en silencio a participar de la santa comunión.


[1] Estas notas en rojo y letra más pequeña (llamadas “rúbricas) son instrucciones u orientaciones para los equipos de liturgia. No son para leerse en la celebración.
[2] Congregación para el Culto y la disciplina de los Sacramentos: Carta Circular sobre la preparación y la celebración de las fiestas pascuales, #58
[3] Tomado de una catequesis parroquial del Pbro. Jesús María Sánchez Montejano, entonces Secretario de la Comisión de Liturgia del Arzobispado de México. Año 2001
[4] Hb. 5, 7-8
[5] Por ser parte de la liturgia de la Palabra no                                                                                                 se debería tomarse la oración universal  como una 3era. parte. Lo                                                                                         propongo para una mejor comprensión y participación de la asamblea.

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